Todo es culpa de la torre, de la hijaputa de la torre. Ahora que me he convertido en un satelite que gravita en torno a tí, solo me queda escupir los restos de la última copa de veneno destilado en el campo de Marte que me serví a tu salud, pisar con rabia hasta hacer un agujero en el suelo, maldecirte en chadiano y despellejarme viva.
Asi que aquí tienes.
El trozo de piel que me pediste.
( a tu salud)
Dejando que el tiempo se me escurra entre los dedos, unos días identicos a otros y mis mentiras parecidas. La diferencia es que las mentiras de ahora duelen, se agarran al pecho como garrapatas mientras yo sujeto los bordes abiertos de mi caja torácica en expansión para evitar descomponerme del todo. Mientras tanto, mi universo se desmorona, todo lo que fui ya no vale, mis heridas supuran con fuerza nueva. Pústulas abiertas y rezumantes de todas las cosas preciosas que podría tener… si quisiera otra cosa que no fuera este inmovilismo.
La ansiedad es adictiva.
Sí, es adictiva.
Cuando me preguntan que estudio, las reacciones de los encuestadores pueden resumirse en los siguientes grupos:
1) Los que dicen: ¡Qué interesante!
2) Los que dicen : ¿Qué interesante?
3) Los que dicen: ¿¡Qué difícil?! ( sin estar muy seguros de por cual de los signos de interjección decantarse)
4) Los que dicen: ah.. y eso, ¿por qué?
La cuarta es siempre la más difícil de contestar. Como la primera entrada
La primera entrada es siempre la más difícil, y este no sería el primer blog que abandono.
Así que procuraré no precipitarme, intentaré empezar por el principio. Que venga primero el estupor, y después los temblores.
Bienvenidos.