Todo es culpa de la torre, de la hijaputa de la torre. Ahora que me he convertido en un satelite que gravita en torno a tí, solo me queda escupir los restos de la última copa de veneno destilado en el campo de Marte que me serví a tu salud, pisar con rabia hasta hacer un agujero en el suelo, maldecirte en chadiano y despellejarme viva.
Asi que aquí tienes.
El trozo de piel que me pediste.
( a tu salud)
Dejando que el tiempo se me escurra entre los dedos, unos días identicos a otros y mis mentiras parecidas. La diferencia es que las mentiras de ahora duelen, se agarran al pecho como garrapatas mientras yo sujeto los bordes abiertos de mi caja torácica en expansión para evitar descomponerme del todo. Mientras tanto, mi universo se desmorona, todo lo que fui ya no vale, mis heridas supuran con fuerza nueva. Pústulas abiertas y rezumantes de todas las cosas preciosas que podría tener… si quisiera otra cosa que no fuera este inmovilismo.
La ansiedad es adictiva.
Sí, es adictiva.